Con el anterior sistema de medición neta, a los clientes con instalaciones solares se les aplicaba una tarifa plana que no tenía en cuenta los mayores costes de la electricidad durante las horas de máxima demanda, normalmente de 17:00 a 21:00 horas los días laborables. Durante estas horas, el coste de generar, comprar y distribuir electricidad es significativamente mayor, pero la producción solar suele ser baja o inexistente.
Dado que los clientes con energía solar siguen dependiendo de la red durante estas horas de máxima demanda, pero no se les aplicaban tarifas que reflejaran esos costes, la diferencia —unos 400 dólares al año por cliente con energía solar— la acababan cubriendo, en la práctica, los clientes que no disponían de energía solar. Este traspaso de costes significa que los clientes sin energía solar pagaban más para mantener la fiabilidad de la red y satisfacer la demanda máxima, a pesar de que no se beneficiaban de los créditos de medición neta.